Milena Valbuena, Ingeniera de Sistemas

marzo 30, 2015 Post Comment Testimonios

Aunque parecía un sueño inalcanzable, estudiar inglés en el exterior siempre estuvo en mi mente, aun en la secundaria. Me imaginaba viviendo en una ciudad cosmopolita y para nada corriente, tomando clases con gente de un país y de otro y experimentando total libertad. Para cuando terminé mi carrera en la universidad como ingeniera de sistemas, unos 6 años después, la idea había perdido fuerza en mi mente aunque no lo había descartado en su totalidad. Estaba atrapada dentro de la cotidianidad de la vida diaria y de mi trabajo en el área comercial de una compañía importante en Bogotá, lo cual había copado el 100% de mi tiempo.

Un par de años más tarde me dí cuenta que algo hacía falta en mi vida, sentí la necesidad de dar un giro de 360 grados. Fue allí cuando la opción de salir del país volvió a mi mente, así que completamente decidida empecé a estudiar todas las posibilidades. Sin embargo y sin importar cuán motivada estaba, me asustaba la idea de visitar un lugar del cual solo tenía conocimientos muy básicos acerca de su lenguaje, cero inglés para ser más honesta. El tema económico tampoco me era indiferente, se trataba de una inversión importante, básicamente los ahorros de toda mi vida así que no podía asumir muchos riesgos. Cualquiera que fuera mi decisión acerca de a donde ir y con quién, tenía que ser la mejor.

 

Me tomé muy en serio el tema, así que empecé por buscar en Internet, Recibí varios folletos de escuelas y universidades en Estados Unidos, Gran Bretaña e Irlanda. Estados unidos no era uno de mis destinos favoritos y el trámite de la visa por el tema relaciones con Colombia no se veía muy factible. Irlanda salió pronto de mis opciones cuando empecé a encontrar que la estación climática durante la mayor temporada del año es invierno. Gran Bretaña parecía mi primera opción, sin embargo superaba mi presupuesto. Así que seguí buscando por otras opciones y fue cuando aparecieron en el panorama Australia y Nueva Zelandia a través de oficinas de agentes de los mismos en Bogotá. La sola idea de viajar al otro lado del mundo me parecía súper tentadora.

 

En mi búsqueda del mejor lugar para realizar mi sueño, recordé que una amiga de una de mis mejores amigas de la oficina había viajado a Nueva Zelanda 3 años atrás y había iniciado una nueva empresa como agente de instituciones educativas en NZ. Así que contacté a Mery Sofía y de ahí en adelante recibí todo su apoyo. A través de su empresa ella consiguió una muy buena tarifa para mí en una escuela en Auckland, organizó mi hospedaje y se encargó de que cada detalle fuese tenido en cuenta para que yo disfrutara de mi estadía en NZ. Viva en New Zealand me ayudó en todo el proceso, desde recogerme en el aeropuerto cuando llegué hasta mostrarme donde tomar el bus para ir a la escuela o cómo comprar tarjetas para mi celular, etc. Pasé de no conocer a nadie en esta ciudad que era completamente nueva para mí a pertenecer al círculo de amigos que de una u otra forma tenían que ver con Viva en New Zealand.

 

Cuando mi curso terminó 6 meses después, me encontraba impactada con la belleza, tranquilidad y seguridad que la ciudad me ofrecía. Así que decidí establecerme en Auckland inicialmente por un par de años, perfeccionar mi inglés y ejercer mi profesión, lo cual me abriría las puertas en Colombia para una mejor oportunidad laboral. Tres meses después, gracias a los contactos que Mery tenía a través de Viva en New Zealand, conseguí una oferta laboral para trabajar en soporte técnico en una importante compañía en Auckland.

 

Hoy dos años después de firmar mi contrato, he recibido una carta de inmigración diciendo que mi residencia ha sido aprobada, me siento muy contenta y satisfecha por el trabajo que Mery y su equipo de trabajo han hecho por mí, así que me parece justo que otros conozcan mi testimonio y juzguen por sí mismos a la hora de escoger un agente en NZ.